Doping calabaza


No se esperaba aquella foto, que quede claro. Él tan sólo salía de la huerta como cualquier hortaliza de a pié que se precie, a pesar de que la cara de mafioso con la que lo retrataron hacía entender que algo malo tramaba.

Sus años de “esplendor en la hierba” ya tocaban a su fin y atrás quedaban esas interminables sesiones de fotos con la Televisión de Galicia, cuando hacía unos meses, fué nombrada la calabaza más atractiva de todo el territorio gallego. Atrás quedaban los flirteos con la remolacha, la exhuberante lechuga y las tiernas habichuelas, él ya no estaba para esos trotes…

Esa noche, esa misma noche en la que los flashes iluminaron su desdicha, fué acusado de dopaje. Dopaje! él que siempre había optado por abono natural, por beber aquello que la naturaleza le aportaba; él que siempre apostó por establecer cooperación con los caracoles y los malhumorados mirlos. Una calabaza como él tan grande, tan hermosa, tan llena de pepitas era el flanco de todas las envidias. Vale que cuando era sólo un brote probase del Fertimón de las patatas, pero nada más, a eso se reducía su “dopaje”.

Ya lo decía su madre -Hijo, hay mucha mala sabia por aquí-.

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