Oda a una palmera

Recogió esa misma mañana las hojas, se hizo la manicura y bebió el licor café que flotaba en el charquito. No se dedicó ni un minuto más de tiempo. Sabía que el momento decisivo estaba a punto de llegar y no quería distraerse. La última vez que vió el reloj de la escuela de artes marcaban las 19.00 exactamente. Los nervios la apolillaban por dentro muy a su pesar, pero sabía que debía mantener la calma si quería ganar la batalla. Ahí estaba, eran las 20.00 horas de un nublado 14 de octubre y los estorninos anunciaban su llegada rompiendo la barrera del silencio. Al fin, tenía a los bichos en el punto de mira… qué pena no producir cocos. Entonces, comenzó a moverse, agitando sus ramas enfurecida mientras esquivaba con rabia a todo ser volador que se aproximase. Caían como mosca pero eran pesados e insistentes en su hazaña.

Una hora fué suficiente para que los estorninos desistiesen de la lucha. Brindó entusiasmada con los camelios que observaran la acción desde muy abajo y se dedicó el resto de días a disfrutar del viento, de la lluvia y del ténue sol gallego.

Y así fué con esta palmera voluptuosa, más propia de Beverly Hills que de Pontevedra, evitó la invasión de estorninos y lució hermosa durante el tiempo de vida que le fué asignado por el ayuntamiento. Todos allí la recuerdan con cariño como la gran PALMERA ANDERSON.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: