el pez gravilla

 

Al pez gravilla no le gusta madrugar. Al parecer es algo genético o celular o microbiológico o parasimpático…o sabe X qué extraña razón y qué extraña palabra lo definen. Bien, prosigamos. Por costumbre es un ser solitario, taciturno y un tanto excéntrico con aires de Buenos Aires. Ya me entendeis. Las mañanas de verano calurosas en las que la humedad de la noche se une a la implacable sensación de sequedad, son sus preferidas. En esos días, muy de mañana, disfruta de la grava mojada como un gorrión lo hace entre la montaña de polvo. Impregna su delicada piel externa con el agua que contienen el suelo para luego, cuando el sol deja de acechar, sobrevivir al infernal día veraniego en el que los parques se llenan de gente y el olor a churrasco u otros aromas humanos desbordan el límite de olorosidad permitido en un bosque.

Es un ser extraño y apacible; el pez gravilla es único, es intransferible e inimitable. Aparece una sola vez en la vida y si tienes suerte y “ojo”, sabrás reconocerlo al primer instante. Es como el amor a primera vista pero sin amor.

 

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