Lagarto, no gracias.

No es fácil ser Lacerta schreiberi (o lagarto das silveiras), uno de los lagartos más grandes de Europa, aún cuando tu belleza crea un éxtasis a quienes te ven aparecer. Uf, debe ser taaan duro ser hermoso. Antes era diferente, en los tiempos de hambruna nadie se quedaba boquiabierto con su presencia. Patrullaban buscando sus escondites poseídos por una violencia depredadora que al mismo tiempo los delataba por sus continuos ruidos estomacales. Vaya tiempos aquellos… comer lagartos. Y cuánto mal les debió hacer el “Jabón Lagarto”… (lo digo por si algún ignorante los capturó para hacer jabón…)

Hoy, es distinto. Hoy, se sienten observados, espiados, deseados, las cámaras los quieren y no pueden hacer nada para evitarlo. Ayer mismo, éste salió al manatial a disfrutar del solete y a comer  unos insectillos ricos ricos… pero cuando estaba en lo mejor, con sus células cargándose como pilas mientras el placer del calor le recorría de la cabeza a la cola y se desnudaba física y emocionalmente… en ese preciso instante…

Zas!

Foto al canto. Lo peor es cuando les cogen en cópula. Os imagináis qué situación si nos ocurriese a nosotros?

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