la escutígera y el caracol

Nunca fueron grandes amigos. Nacieron en el mismo barrio, bajo el lavadero municipal entre humedad jabonosa y olores rancios, sus madrigueras distaban apenas una piedra de distancia y un saludo distraído era suficiente para sentirse conocidos. La vida era tranquila, sin demasiados sobresaltos que alterasen una estadística de mortalidad digna de áreas protegidas… Todo cambió cuando las arañas llegaron al barrio y empezaron a tejer por tejer, a especular con las pocas grietas que quedaban libres. Muchos invertebrados nos quedamos sin refugio, buscando afanosamente un mísero recobeco en el que poder ocultarnos de los depredadores… Con suerte, la familia caracol me acogió sin remilgos de especie, entendiendo que mis múltiples y extensas patas se les metieran en los ojos y los dejase ciegos por breves momentos. A su vez, yo conviví como pude envuelto en una asquerosa mucosidad con la que hacía globitos cada vez que estornudaba.

Nos basábamos en el respeto de reinofamilia, clase, orden… leyes naturales, ya se sabe.

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Un pensamiento en “la escutígera y el caracol

  1. Carol dice:

    Perfecto para una clase de educación para la ciudadanía, lo digo totalmente en serio! Molan mucho las fotos con las que acompañas los textos. Enhorabuena!

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